Bien, inicia otra semana cargada de nuevos proyectos, trabajo y algunos sucesos extraños. Por fin tengo mi bici que me llevará a aquel lugar que sueñe. Por lo menos es uno de los medios más rápidos para moverse entre las callejuelas de este país de locurillas. Aunque la sensación que realmente siento en mi cabeza, es esa mezcla de agujetas con ilusión por moverme en bici. Mientras en mi cabeza suena una canción conocida para todos españolillo que halla nacido en los años 90, si, lo has acertado es verano azul (nana nana nanananananana, póngase cada uno el tonillo necesario).
Tras una llamada a la que sería mi escuela y recibir por parte del señor empleado que no había evacuado sus desperdicios corporales una contestación más o menos seria, que no había cursos para mi nivel de idioma (en serio!! Pero si tengo que iniciar a colorear, pegar bolitas de papel, cantar, etc.), iniciamos a buscar otras soluciones como la universidad. Hecho que verdaderamente me provocaba algo de pánico, pensar en entrar en una clase ante tanta gente que tendría un nivel por las nubes mientras yo ando dos metros bajo el suelo.
Inicié el camino al trabajo con la bici, que realmente pensaba que me costaría más y resulta estar al lado de mi casa. Hecho que me enorgulleció al saber que podía moverme con tanta facilidad. Tras un par de horas en este centro, ayudando a algunos de los chicos y chicas que hasta aquí se acercan en busca de un sitio donde pasar las heladas tardes, creo que pude sacar algo de ellos en concreto. Pero tuve que salir pronto, porque esa noche estábamos invitados a una cena de gala por parte de nuestra jefa suprema.
Llegué a casa, me puse una camisa y un poco de perfume, y salí rápido en búsqueda del palacio donde vive Fri. Mi deseo era portar algo como agasajamiento ante la invitación, pero eso parece ser imposible en esta ciudad hacerlo después de las ocho de la tarde, porque echan los cerrojos a los negocios como temiendo el acercamiento de la noche o a cualquier ser tipo Drácula. Finalmente dimos con la mansión, pero no llevábamos nada en las manos. Pudimos encontrar una bodega abierta, y nos hicimos con un vino.
Tocamos al gran portón, se abrió y ante nosotros apareció una gran escalera, pequeña, estrecha y bastante empinada. A mí ciertamente me recordó a una novela de terror, donde al final estaría la guarida del terrible ogro. Comenzamos a subir y cuando llegamos a la puerta, nos recibió el marido. La casa era un museo para los amantes del arte, yo estaba en un punto intermedio entre el éxtasis y la congoja. Había preparado una mesa bastante amplia, y con mantel de hilo. Todo parecía decorado para morir después de comer, pero afortunadamente no fue así.
La velada fue bastante amena, el marido sabía de todo y todo lo conocía. Había visitado tantos países como pelos puede tener un oso maduro, si lo se, igual la comparación no es muy buena, pero es algo típico del sur exagerar (bueno son el resto quien se queda cortos). Conocimos a un chico amigo de la familia, estudiante de medicina y a dos chicas más (una de ellas hija de la jefa). Todos ellos con un espíritu de juventud y ánimo bastante fresco para la ocasión. Sinceramente, ese miedo de al principio se fue evaporando cuando apareció los suculentos platos que habían preparado, ni que decir tiene que es una gran cocinera.
A las diez, éramos invitados a dejar nuestro sitio y retornar a casa. Esto fue el proceso que más gracia me hizo, mientras pensaba que iba a morir devorado era invitado a abandonar la casa (y en mi mente la frase: La jefa......... ha decidido........que debe abandonar la casa........., momento de gran tensión, .......los VOLUNTARIOS). Gracias a esa estupenda hija que tiene que nos llevó a nuestra casa en coche, porque sino me veía con ampollas en los pies, con frió en los brazos haciendo el camino de regreso, no menos corto que la vía de la Plata.
Martes, de cuentas, de revisión de temas para proponer, de tiendas y productos que comprar, de pensar que tengo un móvil para la tarjeta española bastante mierdoso que se apaga y que todo esto es sin internet en casa. Trasladarse a la oficina para realizar todas las operaciones a veces se vuelve ciertamente un latazo. Pero lo único que puede reconfortarte es que verás a los compañeros y compañeras de trabajo y reirás con ellos contando tu día. Después de un poco de trabajo, quedada con un par de amigos para cenar y vuelta a casa.
Una llamada enigmática, me pregunta si soy yo, y obviamente creo que no he mudado de piel ni de conciencia, asiento y me dice que debo iniciar el curso el jueves. Le pregunto, si se abrió seguro el nivel que yo necesito y tras hablar solo unos diez minutos, me contesta que si. Cuando voy a decirle que...... (de esta manera podéis llegar a comprender sino gráfica, textualmente que me colgó la llamada). Yo, me quejaba que en mi país de locos las cosas no funciona bien, pero está claro que aquí la liebre de mayo es el rey.
Mi ordenador, una vez restaurado comienza a funcionar de manera normal. Pidiéndome miles de datos sobre la nacionalidad. A este punto, ya no se ni quien soy ni de donde vengo, tras tantos elementos burocráticos que hace a uno perder la cabeza. En el proceso de instalación de algunos de los elementos mi mente queda en suspensión, pero por lo menos en mi fuero interno un soplo de tranquilidad de que no todo está perdido.
Jueves de aprendizaje. Llego a la escuela con el temor de un niño al iniciar su nuevo día. Solo me falto, ese consejo de modista de tu madre, que te viste como una cebolla según la climatología de ese año, te pone los zapatos nuevos, los pantalones más molones y te lanza contra una orda de niños y niñas que nos has visto en la vida, pero que con el tiempo podrán llegar a ser tus grandes amigos. Esa es la sensación con la que me encontré delante de la puerta. Pero entré, y no había grandes cúmulos, sino simplemente eramos siete en clase. Así que no me costó trabajo (aunque creo que nunca lo he tenido), en hablar. Finalizó la primera lección, con algunos conceptos nuevos y otros similares a nuestro idioma.
Viernes de tandem, de aprendizaje y de rostros nuevos. Cada viernes es una sorpresa, recibir a nuevas personas que vienen para conocer los entresijos de mi idioma. No menos que entusiasmado, tuve que hacer un pequeño cambio porque tenía en mente un juego de conocimiento de las comunidades autónomas pero fue imposible ante la de material. Pero eso no hizo que llegara cargado de material nuevo para mi clasecilla, con deportes, palabras encadenadas, historias macabras y alguna que otra palabra volátil que dejó llena la mesa de rotuladores y alguna que otra gota en los cristales de tormenta.
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| Mira mama! Mira mama! Ahi está mi nombre, soy yo. (Debes ampliar), jajaja. |
Compras en la cadena escandinava, búsqueda de tornillos que le falta a la gente, y arreglos de situaciones. Finalmente pude hacerme con algunas cosas que necesitaba nuestra casa para hacerla a nosotros. Tras llegar cargardos de bolsas, cena rápida y salida hacia una fiesta de cumpleaños de alguien que no conocía. Pero creo que son finalmente las mejores a las cuales puedes asistir. La música, la gente y la comida era bastante buena, y la verdad es que descubrí que podía hablar más de lo que imaginaba.
Domenica de antigüedades, paseos y helado. Paseo por la ciudad, disfrutar del tiempo normal que puede haber en una tarde de otoño y dejarse llevar por alguna que otra compra. Terminando la semana con un cartucho de patatas fritas y el descubrimiento de una salsa llamada Andalusia, pero que no existe en nuestra tierra. La verdad es que creo que podría sustituir todas por esta. Termina una semana repleta de momentos interculturales, donde ha prevalecido el dominio de un idioma común; y no, no es el inglés, sino el sentimiento de aprender algo nuevo.

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